Vestido de novia

Pierre Lemaitre es el tipo de autor que consigue, con una economía de medios envidiable, despertar en el lector la ansiedad de averiguar qué va a suceder con los miserables (en su mayor parte) seres humanos que pueblan sus páginas. Capaz de hacer que el lector comprenda las motivaciones de sus personajes con dos pinceladas de su pasado y algunas manías de su presente, estos no están más torturados que la mayoría de personas que conoces, pero quizás han tenido una sucesión de malos días superior a las peores rachas, llevándolos al fascinante mundo de la locura homicida (literaria).

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Sophie deberá iniciar una huida constante, siempre preocupada por ser descubierta haciendo la compra, en un café, o cogiendo un tren hacia su próximo refugio.

A Vestido de novia se le pueden otorgar tantas etiquetas que, por exceso, entra en un género inclasificable: policíaca, de suspense, de exploración psicológica, contemporánea y varias más que la describirían solo en parte. No hay etiqueta que la abarque toda. La pobre protagonista, Sophie, que despierta en escenas del crimen con gente estrangulada, apuñalada y reducida a su mínima expresión, vive en busca y captura, cambiando de identidad de ciudad en ciudad de su Francia natal, sabedora de que los muertos que va dejando atrás no puede haberlos ocasionado sino ella, aunque no pueda recordar ninguna escena. Sophie se ve obligada a sobrevivir en una huida imposible de prolongar durante mucho tiempo, con toda la policía francesa detrás de ella, vigilando cada aeropuerto y estación de tren. Incapaz de controlar sus estados de fuga en los que aparentemente mata a aquellos que se le acercan y confían en ella, vive procurando aislarse de todo el mundo en su huida frenética, al mismo tiempo que debe conseguir suficientes medios materiales para no morirse de hambre.

Lemaitre

Este señor ha decidido escribir acerca de muchas cosas que me obsesionan.

Algunos críticos han dicho de esta novela que tiene un inicio demoledor, pero que cae en un terreno muy inverosímil conforme se va desarrollando la trama hasta la última parte. No puedo estar más en desacuerdo. Acostumbrado a las novelas policíacas de nuevo cuño, donde la trama gira y gira en un vendaval de relaciones imposibles entre montones de personajes poco creíbles, para intentar sorprender al lector con un desenlace que no se haya hecho nunca, Lemaitre se dedica a darle puñetazos al género con apenas tres o cuatro personajes, un estilo literario sin florituras, con la palabra justa en el momento adecuado. Los desdichados protagonistas de este infierno son creíbles, sus obsesiones, su modo de sobrevivir contra todo pronóstico, sus motivaciones, ingenios, locuras y venganzas son creíbles. No es fácil conseguirlo en una novela que deja tantos cadáveres a sus espaldas, construida mediante personajes normales llevados hasta el máximo nivel de enajenación que una mente humana puede soportar hasta quebrarse.

Vestido de novia fue la segunda novela de Lemaitre, la que le hizo famoso en su país. Después vinieron, junto a otras, las cuatro novelas que forman la saga del comisario Verhoeven, una maravilla policíaca que me llevó a recordar los momentos, hace diez años, en que me sumergía en las páginas del inspector Wallander, y eso es mucho decir. Mientras Lemaitre no continúe los casos de Verhoeven (y espero con ansia que se decida hacerlo) nos quedan sus novelas sueltas, como este Vestido de novia con el que podríamos llegar a llevarnos el susto de identificarnos con alguno de sus personajes.

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