Las horas de la noche

Nadie puede arrebatarte

ni en la algarabía de ruido,

ni en el profundo silencio,

las horas de la noche.

Existe un recogimiento tuyo,

propiedad de espíritu,

consuelo de trabajo arduo.

Se enreda de madrugada

en hiedra de estrellas viejas

y ramo de historias nuevas.

Nadie puede arrebatarte

la visión distinta y clara,

la guarida oculta y sola

de las horas de la noche.

Engañar al reloj es tan sencillo.

Engañar a los ojos y a las manos.

Abrazar el recuerdo más pequeño.

¡Que se vayan volando tantos pájaros!

Que se vayan volando de uno en uno.

Acaricia el sonido incólume del tiempo

y entrega de ti lo más preciado.

Nadie puede arrebatarte,

ni en la habitación desnuda,

ni en el recóndito sueño,

las horas luminosas

y extrañas

de la noche.

Hombres sin rostro

Ahora es posible escribirlo, pronunciarlo: nadie me conoce.

Sumergido a tal profundidad,

colgado de hilos transparentes.

Los días claros son limpios y reflejan un futuro

contado en prosa.

Los días oscuros, de lluvia, se empañan

y cargan el aire de un pasado remoto.

Por fin es posible decirlo en voz alta:

nadie me conoce.

Como la gente que mira una película con las manos

tapando parcialmente sus ojos,

queda el quehacer de cada día, vislumbrar el presente.

Miramos las paredes, nuestros brazos,

las piedras y los animales,

son restos de la misma tarea,

querer y volver a querer.

Con libertad hoy puedo decirlo: nadie me conoce.

Moraban los hombres sin rostro

un mundo entero que fue mío,

cuando no sabía leer ni escribir.

Si hoy pudiera verles, me hablarían sin voz:

demasiado tarde.

Pasé el martes pensando que era jueves

El autor rodeado de libros

intuye un significado mágico en sus palabras.

Una iluminación tenue y casi falsa

que aporta el deseo de significados distintos.

Escucho murmullos de personas normales,

hablando de problemas que yo no podría tener.

Es el pasar estruendoso de un río que no conozco, y observo

el esfuerzo de aquél que deambula por la calle, me mira

y cree reconocer en mí a alguien. La inocencia,

de otro que compra un pan para su merienda,

o mira desde el balcón los corrillos alegres de los perros en la calle.

Cruzo con ojos cerrados sin entender el sentido del tráfico.

Absorto, escucho los días y los clasifico

escondido a plena vista.

Pasé el martes pensando que era jueves,

cambié el lunes por sábado.

Hoy ha llovido y lloverá también mañana.

Pequeño océano de detalles.

 

Con los ojos cerrados

Con los ojos cerrados,

se escucha música en la estática. Me muevo

echándote de menos. En una casa vacía,

preparo una taza de café.

Como los antiguos fanáticos

creían en Dios, creo haber visto a tu gato

en el alféizar de la ventana.

Tratando de pensar en otras cosas,

la tarde se dobla en pliegues de papel inmensos.

Un acto cotidiano se transforma en inútil ejercicio

de memoria, que duele detrás de mis ojos,

entre los huesos, en cada dedo.

De vuelta a mi habitación

podría desandar mis pasos,

fingir que es el mismo momento,

que es tu mano la que me ofrece

y tu risa llena cada estancia.

 

Pájaros tontos

Siempre se filtra un rayo de sol,

aunque nadie lo mire. Entre tanta ruina,

ilumina la piedra rota.

Parece picoteada por pájaros carpinteros tontos,

que siguen equivocándose.

Si los tiempos difíciles al menos fueran felices,

nuestros pasos podrían volver a encontrarse.

A veces con el rayo de luz llega aire

liberado de un yacimiento antiguo; los pájaros tontos

contienen el aliento:

un monstruo saldrá de la cueva.

Nada emerge y hay silencio.

Los tiempos no son difíciles ni felices.

No admiten etiquetas.

Nuestros pasos no volverán a encontrarse.

Espera

Qué difícil

dar cualquier paso.

Vivir sin brújula.

Encontrar los mismos lugares

transitando caminos distintos.

Parece que duela el cuerpo y el espíritu

a partes iguales, con miedos que afectan a ambos.

Son los mismos árboles,

el mismo aire,

y un círculo de madera, piedras y hojas

donde debiera haber un sendero claro.

En lugares donde habitaban nuestras voluntades,

donde levitaban ilusiones

reposan opiniones y recuerdos tristes:

antes repletos de significado,

ahora vacíos. Esperan a la siguiente época,

un nuevo comienzo, otra mirada…

Años de espera.

Descubrir

He descubierto

letras y rincones donde habitan huellas;

lugares de paso en los que alguna señal aún no borrada perdura.

Brillan hondonadas repletas de nieve y ramas.

Entre encrucijadas, mirando el cielo,

en la morada de los espíritus que las gobiernan,

entran en nuestro mundo sendas invisibles

repletas de posibilidades.

Los recuerdos se transforman en las horas diurnas.

El triunfo de los esotéricos: vivencias en nostalgia.

En la quietud de la noche, la verdad de los alquimistas:

nostalgia en sueño.