Libros

En el agujero de mi zapato

cabe galaxia y media.

Hay una bandeja de verduras en la nevera.

Dará para tres cenas si hay suerte.

Al salir a la calle decido: café o billete de autobús.

(Los dos no puede ser).

Este paquete de arroz vale menos de un euro.

Imagino las estructuras de mi ciudad

desnudas; las vigas de seis toneladas apuntando al cielo,

como si hubiesen vuelto a caer las bombas.

Camino despacio porque he elegido café.

Ayer soñé que la puerta de la alacena se abría sola

y se iba volando una lata de berberechos.

Tenía unas alas pequeñas como las del casco de Astérix.

Llueve,

pero no compraría un paraguas ni aunque fuese rico.

Un niño ha dicho algo a un perro en un idioma incomprensible.

Mi abrigo tiene diez años

y recuerda a más gente de la que recuerdo yo.

De lejos se oye cantar a alguien.

Hoy me he gastado el dinero en libros.

Buhardillas secretas

Hace mucho tiempo que no escribo.

Las palabras esperan escondidas

a tener forma.

Parecen espíritus que se desvanecen si son vistos de frente.

Seres que pueden ser intuidos.

En buhardillas secretas,

arracimadas, duermen la descripción

de un juego complicado, el sabor

de una tarta de chocolate, una conversación

con dos amigos que no he vuelto a ver.

En su escondite no existe el tiempo,

las palabras bailan

en raras combinaciones y dan

sentidos nuevos

a recuerdos viejos.

Bajo la ventana inclinada, las olas del mar en invierno.

Sentadas a la mesa, en reunión perfecta,

la despedida a una mascota,

un libro de cuentos antes de dormir,

el comienzo de una lluvia inesperada al salir del colegio.

Los pasos de las letras crean dibujos en el suelo de madera.

Siluetas y sombras en las paredes,

forman otras frases.

Las mismas palabras en distintas escenas.

En el sillón un columpio que se veía desde mi habitación.

Sobre la lámpara,

noches de otros años.

En buhardillas secretas, se muestran en sueños.

Hace treinta años. Hace unos minutos.

Prohibido llamar a la puerta.

Hace mucho tiempo que no escribo

y han salido las estrellas.

Pienso en esto, sentado

en una silla que hay fuera.

Minuto de silencio

Cuando yo muera,

guirnaldas de colores. Dibujos sin sentido

pintados en la acera.

Un batiburrillo de conversaciones.

Dispónganse los invitados en orden cronológico de penas.

Aquel que traiga cestas con recuerdos colóquelas donde se vean.

No valdrá decir mentiras. Sí exagerar un poco

y podrán dibujar sus monstruos y lugares favoritos.

Se contarán relatos viejos, al anochecer canciones

(luego algunos amigos quedarán en silencio un rato).

Tienen permiso para olvidar lo que quieran, bailar,

improvisar un cuento, echarse una siesta…

Cuando yo muera,

guirnaldas de colores. Dibujos sin sentido

pintados en la acera.

Quiéranse y hablen de cosas divertidas.

Pero al marcharse dejen el lugar escondido,

que pueda ser encontrado por instinto. Que al pasar por allí,

nadie se sienta solo.

Ni siquiera el muerto.

Metalenguaje

Al escribir dejamos espacios

entre las palabras, donde caben

ríos y montañas, caben conversaciones

más amplias que el propio texto.

Hay espacios entre las letras de una misma palabra.

Pequeños y extensos, llenos de matices

que el escritor no quiere que leas.

De modo que te entretiene con los ríos y las montañas,

bosques y caminos.

Las conexiones mágicas de las letras callan,

esperan que no te des cuenta de lo sucedido.

Es un banco de niebla silencioso. Hace trampas.

En esos espacios viven escenas

que parecen inventadas.

Sucedieron como cualquier día sigue a otro.

Suceden como cualquier vida.

Viaje a través del tiempo

Viaje a través del tiempo

en círculos.

La maleta es vieja y nueva.

A cada giro

desplaza el mundo.

Pone boca abajo la naturaleza,

y en otra vuelta al sol,

un recuerdo, que puede ser una madrugada

(de hace muchos años)

o una frase de alguien que murió

pero que la maleta recuerda.

Sucede otra vuelta,

(ahora el recuerdo es un paseo por el parque)

o una columna en una ciudad extraña.

La maleta gira, sobre sí misma, como un planeta.

De repente una noche,

ahora una mañana.

Un apretón de manos, una música,

una tarde de no hacer nada.

Hoy vive escondida

en el hueco de una escalera.

Viaja a través del tiempo.

¿Y de ella quién se acuerda?

Horas de sueño

Pasarán tus manos entre los relojes,

volarán suaves sin recuerdos.

Todo será nuevo, recién encontrado.

Cada persona en el mundo dormida.

Pasarán tus pies entre los árboles,

detenidos en detalles que solo tú puedes ver.

Volará tu mirada

entre la lluvia, la mañana,

la niebla, el mar.

No lo veré. No hay nadie cerca de mí.

Cada persona en el mundo dormida.

Palabra y tarea

Eras casi de papel. Casi de piedra.

Eras huellas dactilares, sonrisa con forma de palabra o de tarea.

En orden cronológico, en sucesión confusa, eras.

Caminabas con prisa y tus pasos

eran recorrido de imágenes e ideas.

Te recuerdo a veces,

durante un instante eres

como un poema.