Niños

Toda la vida me ha dado vergüenza contestar a la pregunta: “¿Y tú no vas a tener hijos?”. Cuando te vienen con esto, siempre a bocajarro, nace desde la absoluta confianza por parte del que pregunta de que vas a responder que estás esperando a la persona perfecta, que aún no has ahorrado lo suficiente para sentirte seguro, que en cuanto cumplas un determinado objetivo laboral tu pareja y tú no tardaréis en tener un hijo. Cualquier otra respuesta implica que la pregunta singular se multiplique en tres o cuatro preguntas adicionales, a cual más indiscreta o dañina.

Ya no me da vergüenza la respuesta, y es que a una determinada edad uno se cansa de echar balones fuera o contestar como se supone que debes. No me hace la más mínima ilusión tener hijos. Esto no fue siempre así, pero ya murió ese sentimiento. No quiero lanzar a esta existencia contaminada de avaricia y pesadumbre a otra pobre alma, dedicar dos décadas a sufrir y tratar por todos los medios que no tenga una infancia tan desgraciada como la mía, que no lo destrocen en la escuela y sea capaz de obtener un trabajo que le permita algo de dignidad y tranquilidad. No quiero ir a dormir todas las noches deseando que consiga lo máximo a lo que la mayoría podemos aspirar: ser felices con pequeñas cosas, con momentos muy fugaces que casi parece que no hayan existido según han pasado, o que no eran para tanto. Sobre todo, no vivir con el miedo de contagiar la tristeza o la soledad a ese ser querido que no existe y que prefiero que no vea cómo son los seres humanos.

Quizá no quiero que nadie vea las cosas que se están muriendo dentro de mí, y que hacen que me despierte tantas veces por la noche pensando: ¿Dónde estoy? Casi siempre pienso que estoy en otro lugar, que soy otra persona y que sueño algo que en realidad no existe.

Últimamente cuando me han hecho esta pregunta y he respondido que no me hace la más mínima ilusión tener hijos, la gente ha dejado de hacer la retahila de preguntas que seguían a mi sentimiento, y creo que es por la expresión que acompaña a mis palabras, más que por la frase en sí misma. Alguien se atrevió a preguntar: “¿Y no vas a estar muy solo?”. Un sencillo “sí” terminó la conversación.

3 comentarios en “Niños

  1. Es verdad que a mí ya no me lo preguntan tanto porque acabo de cumplir 41 años, pero siempre respondía que nunca había querido tenerlos, que era la verdad. Eso desembocaba en más preguntas molestas… La razón, exactamente la misma que has descrito. Gracias por poner palabras a ese sentimiento. Y gracias por compartir el truco definitivo: responder “No me hace la más mínima ilusión tener hijos” es mucho más rápido y fulminante!!! 😀

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    1. Muchas gracias por tu comentario. Así es, lo malo no es realmente la pregunta en sí, sino la conversación a la que te veías abocado si no respondías a gusto del entrevistador: un intercambio donde serías juzgado y condenado, muchos compadeciéndose, como si les hubieras dicho “voy a quitarme la vida el mes que viene”.
      Mi reacción favorita de todas las que he escuchado acerca de este tema:
      – “Los que no tenéis hijos… ¿Qué os hace sonreír por las mañanas?”
      – “No tener hijos”.

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